El misterio del perro desaparecido
¿Reunirá Esther las pistas suficientes para encontrar a su perro antes de que acabe la noche?
Berto el miedoso viaja al espacio
¿Se atreverá Berto a salir de la nave para arreglar el cohete?
Aran la traviesa y la trampa de los caramelos
¿Conseguirá Aran hacer lo correcto cuando todos la están mirando?
Jorge el mago y la maldición de la Mujer Lobo
¿Logrará Jorge salvar a su amiga antes de que la luna la transforme para siempre?
Platanín y la noche que se hizo mayor
El primer cuento animado de KreaPlay. Platanín está harto de que sus padres decidan cuándo tiene que irse a dormir. Una noche, un árbol mágico le ofrece tres deseos para demostrar que ya es mayor… pero crecer no siempre significa lo que uno imagina.

Pensar antes de actuar
¿Reunirá Esther las pistas suficientes para encontrar a su perro antes de que acabe la noche?
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Esther llegaba a casa tras un agotador día en el colegio. Había tenido de todo: Matemáticas, Lengua, Educación Física… ¡Incluso había estado jugando a resolver misterios! Se divertía mucho jugando con sus amigas Virgi, Patri y Sara a los detectives. Ese día a Esther la había recogido su abuela, porque su papá y su mamá estaban de viaje de trabajo. Volvían mañana los dos, y Esther ya estaba contando las horas. Pero antes que nada estaba deseando entrar en casa para llamar a su perro Mayo. ¡Mayo, Mayo! Qué raro… Mayo no respondía. ¿Estaría en el salón? Pero miró por toda la casa y no fue capaz de encontrarlo… En ese momento recordó un caso que leyó con sus amigas en el que robaban a un perrito de la casa de su dueño mientras la casa estaba vacía… —¡Eso es lo que ha pasado! ¡Nos han robado a Mayo! —le dijo a su abuela— Tengo que encontrarle como sea. Mientras Esther cogía su libreta y su boli (por si tenía que interrogar a alguien o apuntar alguna pista), su abuela sonrió. Sabía que se venía una aventura que llenaría la tarde de entretenimiento. Y ahora Esther tenía que decidir por dónde empezar a investigar.
Esther se paró en mitad de la calle, cerró su libreta y miró a su abuela. —Abuela… Tú que sabes mucho. ¿Qué harías tú? La abuela se limitó a mirar su reloj y dijo: —Yo creo que a las siete estaremos mucho mejor en casa. Y la abuela sonrió, pero no sonrió como sonríen las abuelas cuando quieren consolarte. Sonrió de otra manera, como quien sabe algo y no lo dice en voz alta. Esther se quedó mirándola, pensativa. ¡Creo que he descubierto algo! Sacó su libreta y apuntó: Su abuela llevaba toda la tarde mirando el reloj. Su abuela no estaba preocupada. Su abuela no había ayudado a buscar ni una sola vez… Un momento… Esther no dijo nada. Cerró la libreta, se dio la vuelta y echó a andar hacia casa muy deprisa. Detrás iba su abuela, riéndose. Cuando abrió la puerta, Mayo se le echó encima a lametones. Y detrás de Mayo, con las zapatillas de andar por casa puestas, estaba su papá, que había vuelto antes del viaje para darle una sorpresa. Esther abrazó a Mayo muy fuerte. Después se dio la vuelta y miró a su abuela. Y la abuela le guiñó un ojo. —Y antes de que lo deduzcas tú, detective: mamá llega mañana, a la hora prevista.
¡Lo sabía! Al final, con un poco de ayuda, Esther ha descubierto el misterio.
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