¿Qué cuento elegiría tu peque?

Cuentos cortos para probar esta misma noche

Nueva

El misterio del perro desaparecido

¿Reunirá Esther las pistas suficientes para encontrar a su perro antes de que acabe la noche?

Misterio detectivesco6-9 añosPensar antes de actuar

8 min6 finales

Berto el miedoso viaja al espacio

¿Se atreverá Berto a salir de la nave para arreglar el cohete?

Aventura espacial4-7 añosMiedo a lo desconocido

3 min4 finales

Aran la traviesa y la trampa de los caramelos

¿Conseguirá Aran hacer lo correcto cuando todos la están mirando?

Vida cotidiana5-8 añosPresión del grupo

4 min4 finales

Jorge el mago y la maldición de la Mujer Lobo

¿Logrará Jorge salvar a su amiga antes de que la luna la transforme para siempre?

Fantasía6-9 añosDecir la verdad

4 min4 finales

Muy pronto

Platanín y la noche que se hizo mayor

El primer cuento animado de KreaPlay. Platanín está harto de que sus padres decidan cuándo tiene que irse a dormir. Una noche, un árbol mágico le ofrece tres deseos para demostrar que ya es mayor… pero crecer no siempre significa lo que uno imagina.

Cuento animado4-6 añosAprendiendo a crecer

8 min

El misterio del perro desaparecido

Pensar antes de actuar

¿Reunirá Esther las pistas suficientes para encontrar a su perro antes de que acabe la noche?

8 min6 finales

Otros cuentos que le pueden gustar a tu peque

La tarde que desapareció Mayo

Esther llegaba a casa tras un agotador día en el colegio. Había tenido de todo: Matemáticas, Lengua, Educación Física… ¡Incluso había estado jugando a resolver misterios! Se divertía mucho jugando con sus amigas Virgi, Patri y Sara a los detectives. Ese día a Esther la había recogido su abuela, porque su papá y su mamá estaban de viaje de trabajo. Volvían mañana los dos, y Esther ya estaba contando las horas. Pero antes que nada estaba deseando entrar en casa para llamar a su perro Mayo. ¡Mayo, Mayo! Qué raro… Mayo no respondía. ¿Estaría en el salón? Pero miró por toda la casa y no fue capaz de encontrarlo… En ese momento recordó un caso que leyó con sus amigas en el que robaban a un perrito de la casa de su dueño mientras la casa estaba vacía… —¡Eso es lo que ha pasado! ¡Nos han robado a Mayo! —le dijo a su abuela— Tengo que encontrarle como sea. Mientras Esther cogía su libreta y su boli (por si tenía que interrogar a alguien o apuntar alguna pista), su abuela sonrió. Sabía que se venía una aventura que llenaría la tarde de entretenimiento. Y ahora Esther tenía que decidir por dónde empezar a investigar.

¿Tú qué harías si fueras Esther?

¡Lo tenías delante de las narices!

Esther cerró la libreta de golpe, con gran determinación. Ella era detective, y los detectives resuelven los casos solos, sin pedir ayuda a nadie. —¡Vamos, abuela! ¡Tenemos que encontrar al hombre de la camisa roja! Y la abuela echó a andar con ella, no sin antes sonreír a sabiendas de que Esther no la miraba. Echaron a andar calle abajo mirando a todas partes, cuando de repente… Al final de una calle le pareció ver una camisa roja oscura doblando la esquina. ¡Era él! ¡Era él! —¡Corre, abuela, corre! Pero cuando llegaron al cruce, ya no había nadie. Solo un semáforo en rojo y un montón de gente que volvía a su casa… Esther se quedó mirando el semáforo sin decir nada. Ya no le quedaban ganas de buscar. —Se me ha escapado, abuela. Y encima ni siquiera sé si era él. La abuela se agachó lentamente hasta ponerse a su altura y después dijo: —¿Sabes lo que hacen los detectives de verdad cuando se les escapa alguien? —¿Qué? —Se van a casa a cenar y descansar. De manera que al día siguiente puedan volver a mirar las pistas con energía. Esther sabía que su abuela tenía razón. Y así, cansadas, volvieron a casa. Abrió la puerta muy triste… y se quedó de piedra. Allí, sentado en el sofá de su casa, con una camisa roja oscura y una bolsa de viaje en el suelo, había un hombre que conocía bien. Y con él, tumbado tan a gusto, estaba Mayo. —¡PAPÁ! Su padre había vuelto antes del viaje para darle una sorpresa, y llevaba toda la tarde paseando a Mayo por el barrio con su camisa roja. —Perdona, hija, que la sorpresa se me ha hecho un poco larga —dijo riéndose—. ¿De verdad has estado buscándome por ahí fuera? Esther se pasó un buen rato mirando su libreta, sin poder creerse que había estado persiguiendo a su propio padre por medio barrio. —Es que vi una camisa roja doblando la esquina y pensé que eras tú. —¿Y era yo? —…No. —Pues eso pasa mucho —dijo su padre—. Cuando tienes muchas ganas de encontrar algo, lo ves hasta donde no está. Y antes de que lo deduzcas tú, detective: mamá llega mañana, a la hora prevista.

El misterio se ha resuelto solo. ¡Estabas cerca!

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